Saturday, August 8, 2009

Parábola del ave

Un matrimonio de médicos amigos nuestros nos visita. Hace algunos años abandonaron su misión en un país caribeño y decidieron establecerse en Estados Unidos. El gran problema: ella dejó una hija en Cuba y teme por las represalias que normalmente el régimen cubano toma en esos casos, impidiéndole a la niña que se reúna con su madre en este país. Nadie se extrañe de que haya escrito la palabra “normalmente”. Sabido es que con la dictadura cubana, lo normal es lo anormal. Es normal la anormalidad de que en Cuba pisoteen nuestros derechos y nos dejemos pisotear. Sobre todo cuando comprobamos la cantidad de veces al año que se repite, pero a la inversa, la historia del balserito aquel de Cárdenas que conmovió a medio mundo. En medio de la conversación surge el tema de que por nada del mundo ellos van a integrarse a alguna organización que intervenga a su favor con el objetivo de denunciar el caso. “Eso sólo demoraría el viaje o lo impediría”, dicen. Sé que no les falta razón en el sentido de que el gobierno cubano es así de revanchista y represor, y suele valerse del chantaje para castigar a quienes escapan de esa inmensa prisión en que han convertido la antiguamente próspera Isla. Por eso se comportan a veces como si premiaran “la buena conducta” de aquellos emigrantes que no reclaman sus derechos en espera de que algún funcionario investido de poderes terrenales que se asumen como celestiales baje el dedo o estampe una firma. Los cubanos son rehenes dentro de su propio país, secuestrados en sus más mínimas opciones de movimiento, obligados a certificar que no son culpables de delito alguno para ganarse la aprobación policial de sus actos diarios. Igualmente triste es que viviendo ya en el extranjero, tengamos que comportarnos como tal y seamos rehenes también de los consulados cubanos que, cual prolongación de las oficinas del Ministerio del Interior, extienden por doquier las negativas de entrada al país. Al margen de lo político, los cubanos tenemos que aprender a defender nuestros derechos civiles y a entender que en el mosaico de lo social es completamente lícito separar la lucha por el respeto de esos derechos mancillados desde hace medio siglo en Cuba de una filiación a una organización o un partido político determinado. Máxime si ya vivimos en un país que ha hecho de esos derechos y libertades su principal estandarte universal, llámese Estados Unidos o Francia. Puede que no sea sencillo entenderlo cuando se vive dentro de una prisión. Pero “desaprenderlo” en libertad me recuerda aquella parábola del ave: llevaba tanto tiempo encerrada en su jaula que un día, cuando le abrieron la puerta, temblaba como una hoja.
Foto: Silvia Corbelle Batista (http://vocescubanas.com/boringhomeutopics/)

7 comments:

  1. Dicen los que saben, que las estructuras mentales son las mas dificiles de cambiar. De ahi el dilema de los cubanos cuando logramos trasponer los umbrales de la reja, sobre todo si atras hemos dejado a la familia. El miedo nos lo innocularon desde que estabamos en el vientre materno y ahora resulta una cuestion de vida o muerte desprenderse de el, aun cuando vivamos en un pais donde las libertades civiles son el paradigma. Es como el bebe nacido de madre drogadicta, ha de ser desintoxicado tambien.

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  2. Buenisimo, es nuestra realidad!
    Saludos

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  3. Es una realidad que tenemos que enfrentar y superar!

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  6. Muy bueno este post, saludos Michael.

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