Thursday, May 28, 2009

Reverso de postal

Durante varios años, recibir los libros y las cartas que desde España me enviaba Amaia Rubio fue mi único contacto con el mundo. Con cierta regularidad, cada cinco o seis meses, me llegaban aquellos envíos con retazos de su vida y siempre alguna novela o libro de ensayos por lo general de Mario Vargas Llosa, autor por el que compartíamos admiración. Había conocido a Amaia de una manera curiosa: gracias al fútbol. Resulta que un amigo recibía revistas españolas como Don Balón donde aparecían muchas direcciones de gente que declaraban sus pasiones deportivas desde cualquier parte del mundo y proponían los intercambios de los materiales más insólitos relacionados con sus equipos favoritos, la mayoría de ellos de la Liga Española. Amaia vivía en San Sebastián, Guipúzcoa --cómo olvidarlo si durante mucho tiempo fueron las únicas cartas que yo escribía-- y era fan del Athletic de Bilbao; yo vivía en Holguín, Cuba, y tenía algunas noticias de que existía el Real Madrid. Fue a principios de los años noventas, esa década tan dura para los cubanos. Mi amigo se carteaba con aficionados al fútbol de medio mundo y solía recibir camisetas de varios equipos, gorras, algunas revistas, pósters y hasta bufandas. Yo no deseaba tanto lo material, o bueno sí, libros, siempre libros, pero tampoco estaba de más explorar aquel universo negado a todos aquellos que habíamos tenido la desdicha de venir al mundo en una isla varada en el despotismo más ramplón. En una de esas revistas vi la dirección de Amaia, que resultó ser estudiante de periodismo como yo, y comenzamos el intercambio epistolar, que poco a poco derivó hacia la literatura. El tiempo y las complicaciones de la vida posterior se encargaron de alargar cada vez más el espacio entre una carta y otra, hasta que un día no llegaron más aquellos sobres amarillos (que tantas sospechas despertaban en el barrio pues ese era el color de los sobres que recibían los ganadores de la lotería de visas para Estados Unidos) ni libros ni revistas literarias ni fotos. Mi nexo con el mundo se quebró. Amaia dejó España, se fue a la fría Dublín y entonces me llegaron sus postales con fotos de estatuas de James Joyce, tabernas irlandesas y rutas del Bloomsday. Ahora sé que mi temprana inclinación por la literatura tuvo en ella a una gran aliada, aunque Amaia quizás no lo sospechaba. Tiempo después, tras muchos meses sin tener noticias suyas, me la encontré en Facebook y le prometí este post, al que quiero agregar un poema escrito en Cuba por los años 2004 ó 2005 y que no había publicado hasta ahora.
Este es el poema, que va sin título, como todos los que conforman mi libro inédito "Posguerras": desde dublín amaia rubio envía postales libros botellas de bourbon figuras en papel que desdibujan sangran pero aduanas no cede no entiende de cercos
llegan postales con mi nombre a rayas
todo cuanto escribo hunde
todo lo que niego estalla como conchas
latas de azufre que voy reponiendo de otras ferias
cómo hago para no sentarme a escribir materias sino posar para estas fotos
confusión y estío
confusión y hastío
pero siempre confusión
las postales de dublín se llamará la novela de su vida pero mejor es vagar por surcos por jirones de piel por huellas de ociosos y semejantes a náufragos abrir una vena hacia el océano como si flotaran mensajes o de una tabla húmeda brotaran volvieran los muertos que tragó el noventicuatro los lanzallamas orfebres de rojerías
aquellos graffittis sobre el agua decían no y levedades
nada para trascender / nada para que trasciendas
cuán sabio el mar de irlanda la montaña rusa esos montes bajo funiculares pero la sed subiendo el traje a rayas cables como respiraderos tubos la canción de jobim caligrafía panero yo no lo esperaba
yo no esperaba el trago amargo de un reverso de postal
herida de españa yo me invento río de sombra marginados
pura música
aire impuro.
Foto: Estatua de Joyce en una calle de Dublín, en Panoramio.

3 comments:

  1. Yo fui de los beneficiados con ese intercambio tuyo con Amaia, bien lo sabes. El regreso de mis esporadicos viajes a tu casa, en Holgun, con el equipaje mas pesado por los libros que llevaba en calidad de prestamo, a pesar de tu recelo y la inclusion de mi nombre en la listilla de deudores. Pero fueron lecturas inolvidables, mi agradecimiento para ti y, por supuesto, para Amaia, quien sin saberlo tambien marco de cierto modo mi crecimiento literario.

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  3. Michael. Contestando a tu pregunta, leí este post hace un tiempo, en cuanto me dijiste que lo habías colgado. Eres consiente de que no te contesté nada por ninguno de los medios a nuestra disposición. No porque no me transmitieras emociones con todo ésto, sino precisamente por lo contrario. Tanto tú como yo somos personas hábiles con las palabras, pero a veces éstas se nos escapan, se nos quedan cortas a la hora de expresar nuestro más profundo sentir.
    Dejémoslo. Que un simple GRACIAS te lo diga todo. Que un simple "yo tambien te quiero", sirva.
    Lo dicho...
    Un beso.
    Amaia

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