Monday, October 18, 2010

Dos años de soledad


Leo que Yeniel Bermúdez, futbolista que integrara la selección nacional cubana, vive actualmente en Alaska. Allí fue entrevistado para el Anchorage Daily News, gracias a lo cual nos enteramos de cuáles han sido sus avatares para establecerse en Estados Unidos y ganarse el pan.
Yeniel fue uno de los jugadores cubanos que en marzo del 2008, en Tampa, Florida, aprovechando un partido de las eliminatorias olímpicas de cara a Beijing, abandonó el equipo y solicitó el estatus de refugiado. Es lo que la prensa comúnmente denomina aquí, en el mundo libre, con el horrible infinitivo de “desertar”.
En estos dos años, Yeniel apenas ha jugado fútbol. Cuenta la entrevistadora que estuvo participando en un torneo con un equipo de divisiones menores llamado Charleston Battery, en South Carolina, donde cuenta que se sintió como un “outsider”. Actualmente no tiene contrato profesional. Ni siquiera ha encontrado trabajo –fue despedido de un empleo anterior cuando su jefe descubrió que no puede escribir en inglés–, aunque está vinculado como voluntario a una escuela.
Tampoco le ha acompañado mucho la fortuna que digamos. Intentó jugar para las Chivas USA, donde milita el goleador cubano Maykel Galindo, pero un desgarrón en los ligamentos borró toda posibilidad de debutar en la MLS. Antes, tampoco había podido integrarse a la organización de Los Angeles Galaxy porque aún no tenía los papeles en regla.
Ahora se entrena en solitario en un campo de una escuela. No hay nadie con él, nadie a quien pasarle el balón, sólo su pareja y la periodista. Todavía usa el traje de la selección nacional de la que alguna vez fue capitán y de la que ahora hasta un hermano menor suyo, allá en Cuba, ha sido marginado. Está a la espera de alguna oferta, preferentemente desde Estados Unidos, donde se sigue jugando un fútbol bastante mediocre.
Para el antiguo zaguero del equipo de Cienfuegos, estos han sido dos años de soledad. Pero por dura que sea la vida del emigrante, Yeniel tiene hoy infinitas posibilidades de triunfar, absolutamente muchas más de las que le eran negadas en la Isla. Que esas oportunidades se hagan realidad un día depende ahora en exclusiva de él, de su talento y de la dedicación que ponga para seguir manteniéndose en forma, y no de la subordinación irracional a un gobierno que ya no puede blasonar de sostener (por suerte) ni siquiera una coherencia ideológica. Mucho menos puede promover y financiar un movimiento deportivo que arroje los resultados de antaño.
De ese desastre mundial en que han convertido a la Isla de Cuba, lo único que parece meritorio es escapar a como dé lugar, apostar a las interrogantes del futuro en vez de vivir anclado en el pasado. Eso fue lo que hizo Yeniel y aunque no le haya ido del todo bien aún, el primer paso ya lo dio, que es adquirir por sí mismo una libertad individual que nada ni nadie podrán limitar.

Foto: Bob Hallinen / Anchorage Daily News

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